La cita a ciegas era en casa de él.

La cita a ciegas era en casa de él.

Un sorbo de vino y después de las presentaciones, las palabras comenzaron a fluir. Se sentía

cautivada por la verborrea de aquel desconocido, los relatos de sus viajes, sus experiencias…

La conversación amena y distendida les fue llevando, seduciendo; hasta convertirse en

confesiones íntimas y profundas sobre sus gustos sexuales, preferencias, fantasías…

Ella tomó la iniciativa y le besó apasionadamente, sus cuerpos respondían y, muy despacio,

comenzaron a desnudarse mutuamente dejando al descubierto sus ardientes cuerpos. El

miembro viril de aquel hombre entrado en años, de dimensiones importantes, le sorprendió y

la excitó aún más, lo arropó entre sus pechos llevándoselo a la boca, jugueteando, disfrutando

de tan magnífico espectáculo. Por su parte, él viéndola así, se abandonó y dejó llevar, hasta

que decidió participar más activamente, en aquel desenfreno de emociones, recorriendo con

sus labios, palmo a palmo su suave piel, acariciándola lentamente, sintiendo cada rincón de su

cuerpo, penetrándola sin prisa alguna y provocándole un placer indescriptible.

A la mañana siguiente, exhaustos y felices se separaron por unas horas, puesto que en breve

volverían a estar juntos por siempre jamás.

Posted on 25/03/2015 Relatos calientes 782
Ant.